De Corazón Marinero

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El primer sábado de Julio lo reservo cada año. Tengo una cita ineludible con una música que me llega al corazón: La Habanera.

El encuentro se ha celebrado en Calella de Palafrugell, preciosa localidad gerundense en pleno corazón de la Costa Brava.

Cantada de habaneres de Calella de Palafrugell 2009


Este año he asistido al evento desde un sitio privilegiado, delante de una ventana abierta al mar: el televisor.

Al empezar la retransmisión me quede atónita. La organización del evento marinero había introducido unos “pequeños” cambios:

  • Pantalla gigante en el escenario.
  • Los grupos cantaban cuatro temas, de los cuales uno podía no ser una habanera.
  • La artista invitada solo cantaría una habanera, a diferencia de los otros años en que todos los temas lo eran.

Una vez nos explicaron los cambios, espere a ver como transcurría la cantada.

Cuando Carles Casanova del Grup Port Bo dijo al presentar dos de sus canciones: “si tot va com ha d’anar” (si todo va como tiene que ir), pensé ¡Ay! algo pasará.

La cantada fue espléndida por la calidad de los grupos participantes aunque algunas cosas “no van anar com tenien d’anar” (no fueron como tenían que ir).

No sé como se viviría la Cantada en directo en el pueblo marinero de Calella de Palafrugell, pero desde casa yo iba de sorpresa en sorpresa.

Generalmente Televisió de Catalunya se luce con las retransmisiones de los eventos en directo. En esta ocasión no ha sido así y lo siento. Nos escatimaron la introducción de dos grupos, así como casi la totalidad del primer tema del Grup L’Arjau. ¿El motivo? Poner unas entrevistas insulsas las mismas de cada año con personas distintas. Aunque lo más llamativo de la noche fue cuando interpretando “El meu avi” el programa se acabó, quedándose el avi en Calella y los tele espectadores no dando crédito a lo que veíamos.

Los organizadores de la Cantada para mi no han estado acertados a la hora de escoger la artista invitada de este año. Acompañada de una banda de músicos de extraordinaria calidad, Lucrecia empezó cantando una preciosa canción cubana, acto seguido paso a interpretar una habanera en catalán “El peix enamorat”, y en las otras dos canciones ya le salió todo el ritmo y la explosión de colores de su bella Isla. Nada que objetar a la artista pero a mi me pareció estar en plena Festa Major. No la encontré implicada en la Cantada cuando al final no cantó dos de las habaneras más populares con las que se cierra el evento: “La Bella Lola” y “El meu avi”. A la mañana siguiente le daban un premio por su contribución a la difusión de la Habanera. Francamente no lo entiendo.


Cantada de Habaneras - Playa Port Bo - Calella de Palafrugell


Desde casa, mientras seguía viendo las actuaciones de los grupos que iban subiendo al escenario, había una cosa que me seguía desagradando: la pantalla. Verla en televisión me molestaba y más cuando tenía la misma imagen, todo se veía doble.

A lo largo de la retransmisión entrevistaron a la Presidenta de la “Fundació de l’Havanera” que manifestó que este año habían introducido unas novedades de cara a inculcar a los más jóvenes la tradición de este género musical. Seguramente lo han hecho con toda la buena intención del mundo pero para mi una tradición no se inculca desvirtuandola, una tradición se vive.

A mi me cautivó cuando era muy pequeña en las cantadas de “Can Patxei” en Tamariu. No sabía ni lo que era y la primera vez que escuche cantar a los pescadores me quede prendada. Sus voces profundas como el mar, sus guitarras melancólicas y el sonido del acordeón al vaivén de las olas hacían soñar mi corazón al ritmo de la Habanera.

Deseo remarcar especialmente la actuación de dos jóvenes intérpretes, los dos Jordis, del Grup L’Arjau , quienes ya había escuchado en alguna ocasión y en esta Cantada me han atrapado el corazón. Tienen pasión y aman lo que hacen, hay bastante con una guitarra y dos voces entregadas para mantener viva una tradición.



En este vídeo podéis ver dos de sus interpretaciones: las habaneras; Tamariu (en catalán), música del maestro Josep Bastons y letra de la poetisa Narcisa Oliver y la de Calavera (en castellano).

Aquí tenéis el mp3 de su interpretación en la Cantada de Havaneras de Calella de Palafrugell de Tamariu

Una beso marinero.

Montserrat


Grupos que actuaron en la 43ª Cantada de Habaneras de Calella de Palafrugell y piezas que interpretaron:

Grup Port Bo

L’oració del pescador
Pensaments
Ay! Lola
La Barca Xica

Trio Arrels de Menorca

Pregaria Marinera
Lluna plena
La golondrina
Ets com un altra Menorca

Lucrecia

Clara
El peix enamorat
Cachita
Mamá Inés

L’Arjau

Records
Aquí está el negro
Tamariu
Calavera

La Taverna

He perdut una perla
El cant del mar
El barco de ron
Escolta és vent

Cremat (bebida hecha con ron, caña de azúcar, canela, limón, que se va removiendo lentamente con una cuchara de madera hasta que el alcohol ha quemado, entonces se echa el café y se sirve caliente)


  • Más información sobre la Habanera en Wikipedia

Aigua Gelida n’és molt bonic,
tant si és de dia com si és de nit.
Sempre que hi vagis a barquejar,
jo t’asseguro t’agradara.

Aigua Gelida

Cantando esta habanera íbamos en barca bordeando la costa, a una cala pequeñita de la Costa Brava, muy cerca de Tamariu, que contaba con un encanto extraordinario en aquella época en la que la belleza de su paisaje y la transparencia de sus aguas eran vírgenes.

Esperaba con mucha ilusión el día de las vacaciones en el que el Sr. Joan, pescador y amigo de mi familia, nos avisaba que el tiempo era óptimo para navegar. El entrañable pescador vivía un par de casas más allá de la que alquilaba mi familia cada mes de Septiembre en Tamariu. Cada año íbamos varias veces a visitar la bonita Cala, como mínimo una por mar y dos andando. Tanto de una manera como de otra era un placer para la vista y una riqueza para el corazón.

Por mar la vista era impresionante para una niña pequeña con una imaginación desbordante preparada para vivir aventuras de tesoros y piratas, de sirenas y pescadores, o de cualquier cosa que se me ocurría en aquel momento, me sentía privilegiada. En la caleta pasábamos el día, nos bañábamos en sus cristalinas aguas, comíamos lo que habían preparado mi madre, mi tía y mi abuela y contemplábamos el paisaje. Era un lugar frecuentado por los submarinistas que exploraban su fondo marino y pescaban pulpos que eran la riqueza de la zona.

Aigua Gelida

Cuando la excursión era por la montaña, salíamos desde Tamariu caminando bosque adentro rodeados de un paisaje lleno de árboles que los recuerdo majestuosos. Era el mismo bosque donde íbamos a buscar setas, un lugar de belleza increíble al que las máquinas accedieron cuando entré en la adolescencia y me supo muy amargo el camino que allí empezaron a abrir, el que después daría paso a una urbanización que mutiló el paisaje y lleno la montaña de casas.

Cuando llevábamos sobre media hora andando llegábamos a un lugar, una especie de balcón de la naturaleza, rodeado de pinos y rocas, que se asomaba a la Cala. Entonces el tiempo se paraba al igual que nosotros para contemplar y gozar del sonido del mar, del murmullo de los árboles y del regalo que significaba estar allí. Era el principio de lo que nos esperaba en un día único y especial, en el que toda la familia era feliz. Había una roca en un lado de la caleta que era la nuestra, en donde cada año hacíamos la foto oficial que inmortalizaba nuestra estancia allí, aunque el recuerdo mayor lo llevábamos en nuestro corazón.

Llevo muchos años sin ir a Aigua Gelida, puede que algún día lo haga, de momento me quedo con el bello recuerdo de mis días de infancia cuando visitándola sentía emociones que me han acompañado siempre.

 

Un beso marinero.

Montserrat

 

  • Imágenes: De la red
  •  

  • Texto: Montserrat Monleón
  • Creative Commons License El texto está bajo licencia de Creative Commons.

Él forma parte de mi, como yo de su paisaje, de su luz. Han sido muchos los años en que nuestras vidas se han cruzado, desde muy pequeñita que cada verano cuando estaba de vacaciones en Tamariu iba de excursión con mi familia al Far de San Sebastià .

farss-0051Cada noche desde la playa de Tamariu veía pasar sus halos luminosos, cuya luz orientaba a los navegantes. Eso hacia que niñas como yo se quedaran boquiabiertas mirando su reflejo en el agua del mar.

La excursión por la ladera del monte bordeando el agua era increíble, las vistas un regalo de la naturaleza para los ojos y el corazón. Pasábamos por zonas rocosas, por caminitos muy estrechos que bordeaban al mar y subíamos por lugares muy empinados y resbaladizos de la montaña llena de pinos. Todo ello daba a nuestra expedición carácter de aventura.

Cuando llegábamos a destino pensaba que todo el esfuerzo merecía la pena, allí estaba el Far, mi Far de Sant Sebastià, me sentía atraída por sus formas redondeadas, por la luminosidad del blanco de sus paredes y por su majestuosa presencia que me envolvía.

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Su monumental cúpula de cristal me atraía como un imán, era maravilloso casi tocar su magia, su luz, esa luz que tanto me gustaba, salía de aquellos cristales que estaban ahí a un palmo de mi mano. Me pasaba mucho rato quieta delante del Far contemplandolo, deseaba retener su imagen.

En ese mismo lugar estaba la Ermita de su mismo nombre (siglo XVIII) que siempre visitábamos, me gustaban mucho esos instantes de recogimiento y paz. Otro de los bueno momentos de la tarde era cuando merendábamos en los bancos del mirador teniendo a nuestro alcance una vista que se perdía en el horizonte del mar.

Era un ritual familiar esperar a que encendieran el Faro, cuando esto pasaba todavía disfrutábamos un poco más del lugar y retomábamos el camino a casa. Lo hacíamos serpenteando la carretera, era demasiado oscuro y peligroso volver por donde habíamos venido, el camino de vuelta también tenía su gracia.

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Ya de nuevo en casa, como cada noche, después de cenar salía afuera y me sentaba en la tumbona de rayas azules que tanto me gustaba y me pasaba un buen rato contemplando mi Far del que en esos instantes salían las ráfagas más luminosas que nunca. Era su manera de darme las gracias por haber ido a visitarlo.

!Que afortunada me siento de haber vivido esto!

Un beso marinero.

Montserrat

 

  • Imágenes: De la red
  • Texto: Montserrat Monleón
  • Creative Commons License El texto está bajo licencia de Creative Commons.

El primer contacto con mi playa fue en el vientre de mi madre, allí ella era muy feliz y así lo percibí. Cuando nací ya se había creado un vínculo mágico con ese rinconcito marinero de la Costa Brava que forma parte de lo que soy.

Tamariu era la naturaleza en estado puro. Un lugar en donde encontré mis primeros tesoros de infancia: Los corales rojos y las conchas marinas. Allí aprendí a nadar; me hice amiga de los peces de colores que se bañaban conmigo y sentí la libertad que da el mar.

Me gustaba mucho recoger piedras en su orilla y jugar en la arena con el cubo y la pala; lo que más me divertía era hacer castillos y montañas, que salían según quería mi imaginación: tan pronto hacia un castillo medieval, como una casa marinera, o la montaña más alta del mundo.

tamariu-001Pasear al atardecer por el camino rocoso de La Musclera desde donde se podía contemplar toda la playa, disfrutar de la salida y la puesta del sol, contemplar las tonalidades de sus aguas según iba avanzando el día, escuchar el susurro de los pinos al atardecer al compás de la brisa y bañarme cuando llovía; eran otras de las sensaciones maravillosas.

Sus noches de luna llena han sido las más mágicas que he vivido, era como si la pudiera tocar con la mano. Es la luna más redonda, luminosa, y grande que he visto jamás. Su reflejo en el mar iluminaba el paisaje que parecía de película; en cualquier momento podía aparecer un barco pirata.

Para mi Tamariu es mi casa, una casa abierta en donde tengo unas cuantas habitaciones : Aigua Dolça, la Platja dels Lliris, la Cova d’en Gispert, Aigua Gelida , La Musclera, el Far de Sant Sebastià todos forman parte del paisaje de esa zona de la Costa Brava y yo de su mar.

foto

Otras de las cosas que me encantaban y no me perdía ni una sola noche era cuando salían los pescadores con las típicas teranyines. Ver como las preparaban para hacerse a la mar, encendían las lámparas, colocaban las redes, y con todo listo se echaban a la mar era un ceremonial que me embrujaba. A la mañana siguiente cuando me levantaba me asomaba y miraba si estaban los pescadores en la playa remendando las redes dañadas con la pesca de la noche anterior, verlos me tranquilizaba, eso quería decir que todo había ido bien.

Las reuniones semanales de los pescadores en Can Patxei cantando habaneras, iluminados solamente con la luz que salía de las cazuelas en donde preparaban el cremat, sus conversaciones, su franqueza, la manera sencilla y sana que tenían de enfocar la vida, todas estas vivencias se iban sumando a las noches inolvidables que marcaron mi infancia.

Tamariu es a mi como yo soy a ella, formamos parte de un todo, nos unen vínculos indestructibles que perdurarán para siempre.

Un beso marinero.

Montserrat

En la “40 Edición de la Cantada de Habaneras de Calella de Palafrugell” del 01.07.2006 el “Grup Peix Fregit” cantó una preciosa habanera dedicada a Tamariu.

Aquí la tenéis: Tamariu – Peix Fregit

 

  • Imágenes: De la red
  • Texto: Montserrat Monleón
  • Creative Commons License Texto bajo licencia de Creative Commons.


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