De Corazón Marinero

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Era pequeña cuando mi madre me enseñó lo que era el mar, con mucha delicadeza me acerco una concha a mi oído, y me dijo:

– Cariño, escucha atentamente.

-Y lo hice.

-En ese instante comprendí que el mar era mucho más de lo que veían mis ojos.

Conchas del Mar

 

Cuando terminaron las vacaciones me lleve dos preciosas conchas a casa y de vez en cuando cogía una en cada mano me las acercaba a las orejas y escuchaba el sonido del mar. ¡Eran instantes maravillosos!

Y así fue como comenzó mi amor por ellas. En esta sección les rendiré homenaje a estos tesoros marineros que siempre me acompañan y a ella a mi madre, persona de corazón marinero que me enseño a amar la vida, el mar y sus tesoros.

Un beso marinero.

Montserrat

  • Ilustración: Laurel Wade

Él forma parte de mi, como yo de su paisaje, de su luz. Han sido muchos los años en que nuestras vidas se han cruzado, desde muy pequeñita que cada verano cuando estaba de vacaciones en Tamariu iba de excursión con mi familia al Far de San Sebastià .

farss-0051Cada noche desde la playa de Tamariu veía pasar sus halos luminosos, cuya luz orientaba a los navegantes. Eso hacia que niñas como yo se quedaran boquiabiertas mirando su reflejo en el agua del mar.

La excursión por la ladera del monte bordeando el agua era increíble, las vistas un regalo de la naturaleza para los ojos y el corazón. Pasábamos por zonas rocosas, por caminitos muy estrechos que bordeaban al mar y subíamos por lugares muy empinados y resbaladizos de la montaña llena de pinos. Todo ello daba a nuestra expedición carácter de aventura.

Cuando llegábamos a destino pensaba que todo el esfuerzo merecía la pena, allí estaba el Far, mi Far de Sant Sebastià, me sentía atraída por sus formas redondeadas, por la luminosidad del blanco de sus paredes y por su majestuosa presencia que me envolvía.

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Su monumental cúpula de cristal me atraía como un imán, era maravilloso casi tocar su magia, su luz, esa luz que tanto me gustaba, salía de aquellos cristales que estaban ahí a un palmo de mi mano. Me pasaba mucho rato quieta delante del Far contemplandolo, deseaba retener su imagen.

En ese mismo lugar estaba la Ermita de su mismo nombre (siglo XVIII) que siempre visitábamos, me gustaban mucho esos instantes de recogimiento y paz. Otro de los bueno momentos de la tarde era cuando merendábamos en los bancos del mirador teniendo a nuestro alcance una vista que se perdía en el horizonte del mar.

Era un ritual familiar esperar a que encendieran el Faro, cuando esto pasaba todavía disfrutábamos un poco más del lugar y retomábamos el camino a casa. Lo hacíamos serpenteando la carretera, era demasiado oscuro y peligroso volver por donde habíamos venido, el camino de vuelta también tenía su gracia.

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Ya de nuevo en casa, como cada noche, después de cenar salía afuera y me sentaba en la tumbona de rayas azules que tanto me gustaba y me pasaba un buen rato contemplando mi Far del que en esos instantes salían las ráfagas más luminosas que nunca. Era su manera de darme las gracias por haber ido a visitarlo.

!Que afortunada me siento de haber vivido esto!

Un beso marinero.

Montserrat

 

  • Imágenes: De la red
  • Texto: Montserrat Monleón
  • Creative Commons License El texto está bajo licencia de Creative Commons.

El primer contacto con mi playa fue en el vientre de mi madre, allí ella era muy feliz y así lo percibí. Cuando nací ya se había creado un vínculo mágico con ese rinconcito marinero de la Costa Brava que forma parte de lo que soy.

Tamariu era la naturaleza en estado puro. Un lugar en donde encontré mis primeros tesoros de infancia: Los corales rojos y las conchas marinas. Allí aprendí a nadar; me hice amiga de los peces de colores que se bañaban conmigo y sentí la libertad que da el mar.

Me gustaba mucho recoger piedras en su orilla y jugar en la arena con el cubo y la pala; lo que más me divertía era hacer castillos y montañas, que salían según quería mi imaginación: tan pronto hacia un castillo medieval, como una casa marinera, o la montaña más alta del mundo.

tamariu-001Pasear al atardecer por el camino rocoso de La Musclera desde donde se podía contemplar toda la playa, disfrutar de la salida y la puesta del sol, contemplar las tonalidades de sus aguas según iba avanzando el día, escuchar el susurro de los pinos al atardecer al compás de la brisa y bañarme cuando llovía; eran otras de las sensaciones maravillosas.

Sus noches de luna llena han sido las más mágicas que he vivido, era como si la pudiera tocar con la mano. Es la luna más redonda, luminosa, y grande que he visto jamás. Su reflejo en el mar iluminaba el paisaje que parecía de película; en cualquier momento podía aparecer un barco pirata.

Para mi Tamariu es mi casa, una casa abierta en donde tengo unas cuantas habitaciones : Aigua Dolça, la Platja dels Lliris, la Cova d’en Gispert, Aigua Gelida , La Musclera, el Far de Sant Sebastià todos forman parte del paisaje de esa zona de la Costa Brava y yo de su mar.

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Otras de las cosas que me encantaban y no me perdía ni una sola noche era cuando salían los pescadores con las típicas teranyines. Ver como las preparaban para hacerse a la mar, encendían las lámparas, colocaban las redes, y con todo listo se echaban a la mar era un ceremonial que me embrujaba. A la mañana siguiente cuando me levantaba me asomaba y miraba si estaban los pescadores en la playa remendando las redes dañadas con la pesca de la noche anterior, verlos me tranquilizaba, eso quería decir que todo había ido bien.

Las reuniones semanales de los pescadores en Can Patxei cantando habaneras, iluminados solamente con la luz que salía de las cazuelas en donde preparaban el cremat, sus conversaciones, su franqueza, la manera sencilla y sana que tenían de enfocar la vida, todas estas vivencias se iban sumando a las noches inolvidables que marcaron mi infancia.

Tamariu es a mi como yo soy a ella, formamos parte de un todo, nos unen vínculos indestructibles que perdurarán para siempre.

Un beso marinero.

Montserrat

En la “40 Edición de la Cantada de Habaneras de Calella de Palafrugell” del 01.07.2006 el “Grup Peix Fregit” cantó una preciosa habanera dedicada a Tamariu.

Aquí la tenéis: Tamariu – Peix Fregit

 

  • Imágenes: De la red
  • Texto: Montserrat Monleón
  • Creative Commons License Texto bajo licencia de Creative Commons.

Cuando era pequeña me gustaba sentarme en la arena y otear el horizonte.  Era la época en la que veía a los náufragos de las películas que mandaban un S.O.S. en una botella que tiraban al mar. Y yo estaba allí esperando por si llegaba alguna.

Mensaje en una botella

Cada día de mis vacaciones, generalmente al atardecer, dedicaba un ratito a este menester y me sentía la niña más feliz del mundo cuando las olas no traían ninguna. Eso quería decir que no había nadie a quien salvar, que podía dormir tranquila.

Un beso marinero.

Monserrat


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